os? Difícil pregunta. Muy, muy difícil. Tanto cómo le ha sido inculcar a sus chicos esa sencillez que les caracteriza y que les está haciendo superarse día a día. El seleccionador argentino es todo un ídolo. Y no es para menos. Lo que está haciendo es muy grande.Es cierto que su juego no deslumbra mucho, intrincado por su carácter defensivo, por sus enmarañados esquemas. Pero ha logrado dar con la tecla, sacar el máximo de hombres cómo Alcaraz, Paulo da Silva o Riveros. Discípulo de Bielsa, Martino ha sabido maquinar una mezcla heterogénea y perfecta de juventud y veteranía para configurar un bloque más imperioso cada instante, que va camino de hacer grandes cosas, reminiscente en su toque en mayor o menor medida de la selección chilena, recientemente eliminada. Se lo debe a su mentor.
Fieles a su estilo contundente y tenaz pasaron la primera fase sin problemas. Y en el camino, esperaba Japón, otro de los combinados a tener en cuenta, que sorprendió a propios y extraños desarmando las tácticas de Camerún o Dinamarca para lograr el pase junto a Holanda en su Grupo E. El pétreo combinado de Okada, ambientado en la necesidad asiáti
ca de volver a la primera plana futbolística. Una selección que arriesga, que gusta, que atribuye su creación a las maniobras de Keisuke Honda y Makoto Hasebe, y cuya eficiencia es envidiable, como también lo es su rigurosidad táctica.Así, el encuentro se planteaba cómo un encuentro muy técnico. La minuciosidad controladora de Martino y el conservadurismo de Okada así lo prometían. Y no fallaron al guión. La solidez defensiva paraguaya secó el ataque nipón, mientras que la delantera guaraní estuvo de por sí bastante flojita, fallona ante Kawashima y evidenciando su claro problema ofensivo. Con ello, el aburrimiento tiñó de sí todo el partido, con el 0-0 inicial condenado a perdurar durante mucho tiempo. Al menos, los noventa minutos y la prórroga. Y por que los penaltis lo permitieron, que si no, a buen recaudo estaríamos hablando de un encuentro más longevo que el famoso Mahut - Isner cosechado en tenis sobre la hierba de Wimbledon hace unos pocos días.
Sí, por primera vez en lo que llevamos de Mundial hubo que acudir al punto fatídico para desatascar un partido. A esa indeseable y suertuda tanda que impregna de drama (y de espectacularidad, ojo) el deporte rey cada vez que se encamina. Esta vez, la fortuna sonrió a Paraguay, y llevó al hara-kiri de un modo un tanto injusto a Komano, lateral revelación del torneo y que marró su lanzamiento. Cositas del fútbol. Para meterles por primera vez en unos Cuartos de final. La historia sonríe a la albirroja. Y a todos sus idílicos anhelos. Ya era hora.





Un pequeño país, entre la multitud africana, situado en la zona occidental de África, en la costa atlántica, uno más del montón, con una bandera que parece la copia de muchas otras vecinas, con hambre y pobreza a la orden del día, como todos los demás, es ahora el espejo en el que se mira toda África. Ghana traspasa fronteras, y su fútbol une a millones de africanos. En 'su' Mundial, el que debía romper las distancias entre desarrollo y subdesarrollo en todos los sentidos de ésta rica palabra, África, tras un inicio desolador, ha encontrado un motivo al que agarrarse para disfrutar, en muchos casos, para seguir adelan
te, para vivir.





nivel mundial como uno de los mejores arietes del planeta, icono uruguayo, que encara la recta final de su prolífica carrera deportiva después de haberse proclamado en dos ocasiones máximo artillero del fútbol europeo, una de ellas con el Villarreal, donde ha sido semifinalista de Liga de Campeones, y otra en el Atlético de Madrid, con el que ha conquistado la UEFA Europa League. Como se puede observar, una trayectoria impecable, adornada además por su paso por el Manchester United, con más pena que gloria, eso sí. El único punto negro en la trayectoria de Forlán han sido sus continuados fracasos con la selección nacional. Y es que en los últimos años 'la celeste' tampoco ha carburado ni siquiera contando en sus filas con un delantero como él, sumando batacazo tras batacazo en sus citas internacionales. Pero ahora, Diego parece haber encontrado al socio ideal en un chico menudo de veintitrés años que ha deslumbrado en la Eredivisie en las filas del Ajax. Luis Suárez, surgido de la fecunda cantera del Nacional, ha maravillado en Holanda desde que tomase tierra hace más de tres años, y, con su habitual sagacidad, Tabárez le ha mimado concienzudamente en los meses previos al Mundial para hacer de él una pieza básica en el esquema charrúa y un complemento para Forlán, urgido desde hacía tiempo de un compañero de andanzas en la delantera. El trabajo del seleccionador uruguayo ha tenido recompensa y ahora Suárez ha estallado en plena cita mundialista, dando lo mejor de sí mismo y haciendo que toda la selección celeste lo dé.

