inó de constatar. El sueño se fortalecía. La expectación crecía. España, por primera vez desde que se inició en estos andares, se colaba en las puertas del éxito más dulce. Así es el fútbol, a veces hace justicia.viernes, 9 de julio de 2010
Semifinales: Billete a la gloria
inó de constatar. El sueño se fortalecía. La expectación crecía. España, por primera vez desde que se inició en estos andares, se colaba en las puertas del éxito más dulce. Así es el fútbol, a veces hace justicia.Semifinales: La "orange" logra una cita con la historia.
Dos selecciones, que como por arte de magia se las presentaba una oportunidad fundamental para tratar de hacer historia. Los uruguayos quizás preludiaban mayores dificultades de cara al encuentro debido a las ausencias. Las providenciales manos de Luis Suárez habían supuesto la sanción del mismo. El delantero del Ajax ha demostrado en Sudáfrica sus magníficas capacidades futbolísticas y hasta ahora se había consolidado como el acompañante perfecto para Forlán. Fucile y Lugano también serían bajas por lesión. Sonaba el pitido inicial y Uruguay tomaba la iniciativa, con un buen planteamiento defensivo por parte del seleccionador Tabarez.
Los holandeses parecían no encontrar espacios en la zaga celeste, Van Bronckhorst lo sabía y probó fortuna desde lejos. Y entonces apareció la magia. Un tremendo zapatazo salió de sus botas. Desde la banda izquierda, a 40 metros de distancia, salía disparado un misil que perforaría la escuadra derecha de la portería uruguaya. La estirada de Muslera sirvió para poco. Sin duda alguna, el mejor tanto de este Mundial. Holanda se adelantaba en el marcador y los planes de Tabarez se transfiguraban. Uruguay debía atacar, y pronto ante la amenaza de jugadores como Robben o Sneijder. Si los tulipanes incrementaban aún más su ventaja se antojaba muy difícil una remontada.
Durante la segunda mitad saldría Van der Vart para aportar un poco en el aspecto ofensivo. Holanda volvería a retomar las riendas del partido, peró afloró un problema que parece ser una de las tareas pendientes para van Marwijk. Y es que Holanda, a pesar de tener unos jugadores con gran técnica, es incapaz de crear un juego fluido en la zona central del campo, encomendándose demasiado a las acciones individuales de su gran estrella, el extremo del Bayern, Robben.
Holanda tras años de espera, había conseguido tener una oportunidad para ganar un Mundial. En frente les espera España, un cojunto capaz de desplegar un juego que parece haber sido traído del cielo. Sin duda, los flamencos sufrirán ante la que puede coronarse la mejor selección del mundo. Esperemos que su espera para alcanzar la gloria del panorama futbolístico tenga que alargarse unos años más. Ahora nos toca disfrutar con el partido más importante que se encuentran ante sí las dos selecciones. La historia sólo recuerda a uno...y los españoles queremos hacer historia...
miércoles, 7 de julio de 2010
Cuartos de final: España 1-0 Paraguay: Cuando los problemas vuelven a aflorar
Para ello, hemos tenido que superar arduos escollos. Suiza, Honduras, Chile, Portugal y ahora Paraguay. La muralla de Martino. El fortín sudamericano. El valladar que ha vuelto a relanzar las dudas. Esas dudas surgidas en la fase de grupos y aparentemente disipadas ante Portugal. Ese excesivo ímpetu por el toque clásico y monótono, carente de dinamismo y versatilidad, fundamentado en la presencia de un doble pivote conformado por Busquets y Xabi Alonso, dos portentos que, en cambio, no contribuyen a la ofensividad del conjunto, en detrimento del oxígeno que supondría la entrada de Silva o Pedro por la izquierda, dónde se está damnificando a Villa, que aun sin jugar en su puesto natural, se está erigiendo cómo máxima figura del Mundial. Esa excesiva preocupación por la mala forma de viejos rockeros como los Torres, Cesc o Capdevila. Ese continuado debate sobre el estilo de juego de Del Bosque, que parece estar destinado a enturbiar por siempre el ambiente del grupo. De nada sirvió el ostentoso maquillaje exhibido ante los lusos. España parece estar perdiendo su gracia, su asombrosa chispa, su carismática magia. El combinado guaraní así lo dilucidó.
rres. Con ello, el nerviosismo y la ansiedad hicieron su efecto en la roja, incapaz de encontrar espacios. Los problemas y las dudas volvían a surgir, una vez más (con un sólo disparo a puerta en el primer tiempo), y se transformaron en frágil temor cuando Piqué enganchó en el minuto 56' a Cardozo en el área. Tarjeta amarilla. Estallaría entonces la pasión más desenfrenada. Quizás merecidamente, Paraguay podía ponerse por delante en el marcador. El propio Cardozo fue el encargado de tratar de enmendar el gol anulado a Haedo Valdez poco antes por un fuera de juego inexistente. En frente, Casillas, muy cuestionado en los últimos días tanto dentro como fuera de la cancha. El máximo anotador de la Superliga portuguesa contra el mejor portero del mundo. Y ganó el segundo. Iker detuvo el fortuito lanzamiento y armó el contragolpe. Segundos después, Alcaraz derribaba a Villa en el área paraguaya. Tarjeta amarilla. La situación se invertía. Ahora, Xabi Alonso preparado para fusilar a Justo Villar, dispuesto a redimirse de su triste año en Valladolid y a hacerse un hueco entre los grandes porteros del panorama mundial. El donostiarra se impuso a la comprensible presión. Gol de España. Pero entonces llegó el momento. Ese momento que ha estado presente en la gran mayoría de encuentros disputados hasta la fecha en este Mundial. El momento en el que al colegiado del encuentro le da por convertirse en protagonista del partido. En esta ocasión, le tocó al guatemalteco Carlos Batres. Sudamericano, como Paraguay. Luego se habla de la imparcialidad. Batres ordenó repetir la pena máxima y esta vez, Villar se creció. Detuvo y, de paso, derribó a Cesc cuando se disponía a rematar la faena. Una acción que ha podido dejar al catalán sin semifinales, pero impasible en el transcurso del choque. Parecía mentira, pero las cosas seguían igual que sólo instantes atrás. Igual que al principio. Bueno no, igual no, comenzaba la fragmentación del choque. La emoción. Dos penaltis y otro no pitado así lo contrastaban.Cuartos de final: La 'Mannschaft' humilla a Argentina y ya espera a España

Alemania 3-0 Argentina. Minuto 89. Los germanos roban un balón en su campo e inician su enésimo contraataque en este Mundial. Como la mayoria de los anteriores, se trata de una jugada de manual, iniciada por Muller, seguida por el genial Ozil y finalizada, como suele ser habitual, por el killer Klose. Era el 4-0 en el marcador y la debacle total en el equipo argentino, que asistía abrumado a una nueva exhibición de los de Joachim Low. La ‘Mannschaft’ humillaba así, tras el 4-1 a Inglaterra, a otro de los grandes favoritos a alzarse con el Copa del Mundo el 11 de julio en el Soccer City, sin duda un nuevo golpe de efecto a un torneo que cada vez tienen más cerca, aunque para ello tendrán que superar al vigente campeón de Europa y todavía máximo favorito en las apuestas tras la eliminación de Brasil: la Selección Española.
Pero sigamos con el partido. La Albiceleste se presentaba en cuartos tras una serie de encuentros brillantes que la colocaban, incluso, como favorita para colarse en las ‘semis’ del torneo. Se trataba del mejor ataque hasta el momento, con diez goles en su haber, y una defensa en principio sólida con un portero que no había necesitado lucirse aun.
Mientras tanto, los alemanes también llegaban con la moral alta gracias a su contundente victoria ante la Inglaterra de Capello, por lo que se preveía un partido intenso y con un marcador muy ajustado.
Pero no fue así. Apenas habían transcurrido dos minutos cuando Schwensteiger botaba una falta algo más allá del pico del área y Muller, ante la pasividad de la defensa argentina y, sobre todo, del guardameta, introducía el balón en la portería en el que era su cuarto gol mundialista. Maradona no se lo podía creer. En solo dos minutos su planteamiento había saltado por los aires. Si es que tenía alguno, claro. Minutos más tarde pudimos comprobar que no, no lo tenía. A partir de entonces, a pesar de haber margen de remontada, el equipo sudamericano comenzó a deambular por el campo, perdido, esperando una jugada aislada o que Messi se echara el equipo a la espalda. Pero el ‘Bota de Oro’ no puede jugar solo contra once. Nadie le ayudaba, si acaso un peleón Tévez que se resignaba a caer eliminado sin oponer resistencia. Ahora entendemos por qué es tan distinto el Messi del Barça al de la Albiceleste. No es culpa suya. Un equipo sin entrenador, por muy buenos jugadores que tenga, no puede hacer daño a nadie. Así se demostró ayer. Los de Joachim Low asediaban sin descanso la portería defendida por Romero, otro de los culpables de la pronta rendición argentina. El segundo estaba al caer, pero no llegó hasta la segunda parte. El descanso pudo ser un punto de inflexión en el encuentro, pues los germanos salieron algo dormidos, y Argentina, liderada sorprendentemente por Di María, dio ligeras muestras de mejoría que pudieron desembocar en el empate. Pero sólo fueron quince minutos, los que duró la caraja alemana. Luego todo volvió a la normalidad. Alemania fue la de la primera parte, ese equipo ordenado, con fantasía y musculo a partes iguales en el medio y letal arriba. Khedira cumplió un día más, Schwensteiger realizó su mejor partido y los tres más adelantados, como siempre, fueron los encargados de aniquilar al rival. Klose anotó el segundo y el cuarto tras grandes servicios de Podolski y Ozil, respectivamente, e incluso Friedrich anotó su primer gol culminando una extraordinaria jugada de Schwensteiger. Poco más hay que decir. Maradona no encontró soluciones, y Messi y Tévez acabaron bajando al doble pivote para poder recibir el balón. Ver para creer.
Alemania, como durante casi todo el torneo, fue una apisonadora, y en estos momentos es, por méritos propios, la máxima candidata a hacerse con la Copa del Mundo. Demasiado para una Argentina que se despide con la cabeza gacha. Tras su gran primera fase se vieron incluso con posibilidades de ganarlo, pero la ‘Mannschaft’ le puso los pies en la tierra. Hablaron demasiado fuera del campo, con un entrenador que no está capacitado para dirigir a un equipo en las grandes citas. Llegan tiempos de revolución en Argentina, mientras que Alemania, por fin, disfruta con sus chicos. Dejémosles. Se lo merecen.
martes, 6 de julio de 2010
Cuartos de final: Las manos de Dios salvan a Uruguay
Era la hora de la verdad. Cuartos de final entre Uruguay y Ghana, dos selecciones que habían sorprendido por su gran calidad en el nivel de juego mostrado hasta ahora. Las Estrellas Negras se presentaban como la única esperanza para África entera. Atrás quedaban selecciones como Camerún, Costa de Marfil o Sudáfrica, en su empeño por demostrar que el continente africano todavía tiene mucho que decir. Todas las miradas se centraban en Ghana, un equipo que había sido capaz de hacerse un puesto clasificatorio en la fase de grupos en detrimento de Serbia o Australia. Un equipo que llegaba a cuartos con un sueño, compartido por millones de almas, el de llegar a semifinales, y por qué no, llegar a disputar una final mundialista. Los ghaneses ya habían demostrado sus capacidades y ahora eran respetados...pero enfrente se encontraban Uruguay, otra de las selecciones tapadas, dispuesta a conseguir una cita con Holanda en Semifinales.
El partido se presentaba muy disputado, sin claro favorito. Uruguay comenzaría a tomar la palabra con Forlán a la cabeza, el delantero uruguayo está confirmando su excelente estado de forma mostrado hasta ahora en la liga española. Una de las primeras ocasiones de gol lo propiciaría precisamente él, enviando desde saque de esquina el balón al área. Un fallido despeje de Mensah obligaba al arquero ghanés Kingson a salvar los muebles con la cabeza.
Lo cierto es que durante gran parte de la primera mitad sería Uruguay la dominadora del juego, salvo precisas incursiones de los ghaneses en área rival. Sin embargo, en el último minuto del tiempo añadido Muntari se sacaba un zapatazo lejano desde fuera del área, y Muslera era incapaz de pararlo. Ghana se adelantaba en el marcador
y alimentaba las esperanzas de todos los africanos.
Empezaba la segunda parte, y Uruguay se mostraba más ofensiva ante las circunstancias. Una falta cercana al pico del área cometida por Pantsil se convertía en una oportunidad para Uruguay. Y entonces apareció de nuevo él. Con un tremendo disparo el esférico superaba la barrera ghanesa y atravesaba la escuadra. Forlán metía a los uruguayos de nuevo en el partido.
A partir de ese momento las ocasiones se sucederían para ambos equipos. La igualdad quedaba reflejada en el marcador, y parecía que ninguno de los dos bandos fuera capaz de resolver el encuentro con un gol. La prórroga se vislumbraba cada vez más cerca, y finalmente el colegiado tuvo que dar paso a los 30 minutos extra.
El partido en ningún momento varió de papel. Uruguay tenía sus ocasiones, pero no las aprovechaba, lo mismo pasaba con Ghana. La tanda de penaltis se presentaba como la solución obvia a un partido que no tenía claro vencedor. Sin embargo, el destino tenía preparado un final agónico, impresionante, que quedará grabado en la mente de muchos durante décadas.
Ghana sacaba una falta cometida muy cerca del área. Debía ser la última oportunidad de resolver el encuentro y evitar la lotería de los penaltis. Una mala salida del guardameta Muslera dejaba prácticamente la portería vendida. Appiah remataba el esférico, pero Luis Suárez despejaba con el pie y el balón salía despedido hacia el punto de penalti sin dueño. Entonces Adiyiah, de cabeza, volvería a rematar. La historia volvía a repetir uno de los sucesos más famosos en el mundo del futbol. Ante la imposibilidad de despejar con la cabeza, Luis Suárez evitaria el gol con una clamorosa mano, cometiendo penalti.
El delantero del Ajax era expulsado, y llorando cabizbajo se disponía a abandonar el terreno de juego. Ghana tenía en sus manos su porvenir, podía pasar a semifinales y medirse ante Holanda. El encargado para resolver era Gyan. Resulta asombroso el paso tan ínfimo existente entre la gloria y el fracaso, entre la alegría y el llanto. El destino quiso que Gyan lo comprobara con sus propios ojos. Con un disparo potente, estrellaba el esférico contra el larguero. Ghana fallaba el penalti más importante de su historia, ante la alegría de todo Uruguay, y Luis Suárez, curiosamente pasaba de ser villano a héroe de su nación.
Se suele decir que la tanda de penales es una lotería, que el factor más importante es el psicológico. Ghana había perdonado el partido, pero disponía de otra oportunidad, esto dotaba al encuentro de cierto carácter épico. Y vaya si fue épico, quizás el más apasionante de Sudáfrica 2010.
Tras los lanzamientos fallidos de Mensah y Maxi Pereira, volvía a fallar Adiyiah. Si Uruguay marcaba sería semifinalista. El encargado de tirarlo era el Loco Abreu, famoso por anotar penales al estilo Panenka. Se mostraba una locura ejecutar así el tiro bajo esas circunstancias. Ambas selecciones se jugaban todo, este era el momento de la verdad, y parecía imposible que Abreu se la fuera a jugar de esa manera. Pero el Loco Abreu hizo honor a su apodo. Fueron cinco segundos que paralizaron a toda una nación, cinco segundos que pasarán a la historia. Abreu anotaba el último gol a lo Panenka y desataba la euforia en los corazones de los uruguayos, y la desgracia de los ghaneses. Ghana, que parecía semifinalista hacía unos momentos, era eliminada de la competición.
Así es el futbol, un deporte que mueve pasiones precisamente por otorgar momentos como este. Las semifinales ya han llegado. Ya sólo quedan cuatro selecciones, ciertamente, esto está al rojo vivo.
sábado, 3 de julio de 2010
Cuartos de final: Dos punzadas matan a la canarinha.
inal entre Holanda y Brasil, dos de las serias candidatas al título. Sin duda una cita capaz de transmitirnos emociones fuertes, y vaya si lo hizo. El partido comenzaba con aires de grandeza, en el que los brasileños partían como favoritos. No era para menos, pues hasta ahora la selección de Dunga cuajaba un gran Mundial. La canarinha había sido sometida a una tremenda ola de críticas en torno a su estilo de juego. Atrás quedaba el archiconocido jogo bonito que había conquistado a medio mundo años atrás. Jugadores de gran técnica como Ronaldinho o Pato se quedaban a las puertas de Sudáfrica 2010. Dunga presentaba un nuevo proyecto, una nueva concepción del fútbol distinta a la mostrada hasta entonces, basada en la solidez en la zaga, y rematada con una poderosa delantera. Puede que Brasil no mostrara un juego tan vistoso como en tiempos pasados, pero es innegable el poderío de sus jugadores. Hoy era ese día, esa oportunidad para demostrar que el nuevo proyecto del seleccionador brasileño había dado sus frutos. Era el momento idóneo para silenciar a muchos... pero enfrente se encontraban los tulipanes, dirigidos perfectamente por Van Marwijk.Una de las desventajas de ser favorito es la posible falta de tensión ante el rival. En este caso Brasil no defraudó, y empezó el partido controlando todos los factores del juego. Holanda parecía atenazada por el respeto ante la canarinha. Robinho lo confirmaría en el min 8, con un tanto anulado debido a la posición indebida de Alves. El primer aviso para los tulipanes ya estaba dado. Dos minutos después el jugador cedido por el City al Santos obtendría lo que anteriormente se le escapó por poco. Un pase de Felipe Melo que sortearía toda la defensa holandesa le permitiría plantarse enfrente del guardameta Stekelenburg, y no perdonaría.

Brasil se ponía por delante del marcador, todo parecía que iba a ser una noche fácil para la canarinha, e incluso olía a goleada. El conjunto de Van Marwijk era incapaz de adueñarse sobre el control del esférico, y salvo pequeñas aproximaciones al área de Julio César por parte del tridente ofensivo Sneijder, Robben y Van Persie (de lejos los jugadores más destacados de esta selección) no crearían peligro alguno. El marcador en el descanso reflejaba una escasa diferencia entre ambos conjuntos, que sin embargo en la práctica no era en absoluta la realidad sobre el terreno de juego. Pero el futbol a veces es caprichoso y no entiende de favoritismos. Con el inicio de la primera mitad, las internadas de Robben parecían hacerse cada vez más peligrosas. Una absurda falta cometida sobre el mismo por parte de Michel Bastos supondría el inicio de la desgracia brasileña. Un centro de Sneijder bastaba para materializar el empate de la selección holandesa. La torpe salida de Julio César y Felipe Melo hicieron lo demás.
Parecía un accidente, pero lo cierto es que el miedo se apoderó de los de Dunga, que veían como los tulipanes resurgían de la nada. Aunque la sensación todavía era de superioridad en el equipo brasileño, lo cierto es que toda la solidez mostrada hasta ahora por Brasil se derrumbó. La segunda punzada llegó con una jugada ensayada desde saque de córner. Kuyt pasaba de manera sorprendente el esférico con la cabeza hacia atrás, y permitía a Sneijder rematar a placer sobre la portería del guardameta brasileño.
A partir de ese momento, toda la estructura de Brasil se vino abajo. El peligro se había convertido primero en miedo, y posteriormente pasaría a ser impotencia. Y es que Holanda supo leer muy bien el partido, dirigida por el extremo del Bayern, que demostraba una vez más el buen estado de forma en el que se encuentra. Robben supuso las primeras dudas para una defensa que hasta ahora se había consolidado como una de las más seguras del panorama mundial. Terminó desquiciando a todo Brasil, y Felipe Melo actuó de portavoz esta vez, cometiendo una agresión desmedida sobre el jugador holandés cuando este se encontraba en el suelo, y que dejaba a su equipo con un jugador menos.

Ante estas circunstancias, el modelo colectivo y organizado de Dunga se vio reemplazado por individualidades consecutivas, con la esperanza de que una de ellas valiera el empate. Nilmar salió como revulsivo sin éxito. Brasil lo intento hasta el último momento, pero finalmente el pitido del colegiado sonó. La pentacampeona del mundo, una de las selecciones más temidas, había quedado eliminada.
Parece que Sudáfrica 2010 se ha propuesto ser el Mundial de las sorpresas. Lo cierto es que Holanda pasa a semifinales como un equipo bien organizado y con una peligrosísima delantera. Quizás la canarinha hace las maletas con la sensación de merecer más, pero el futbol, y en especial las citas mundialistas son así. Un Mundial que por cierto se ha ido calentando con el paso del tiempo, y que ahora en la fase decisiva del torneo, parece que quiere hacernos disfrutar aún más de este maravilloso deporte. Esperemos que la actuación de España ayude a ello. El tiempo dirá.
jueves, 1 de julio de 2010
Octavos de final; Japón 0-0 Paraguay: Los guaraníes tienen ganas de soñar
os? Difícil pregunta. Muy, muy difícil. Tanto cómo le ha sido inculcar a sus chicos esa sencillez que les caracteriza y que les está haciendo superarse día a día. El seleccionador argentino es todo un ídolo. Y no es para menos. Lo que está haciendo es muy grande.Es cierto que su juego no deslumbra mucho, intrincado por su carácter defensivo, por sus enmarañados esquemas. Pero ha logrado dar con la tecla, sacar el máximo de hombres cómo Alcaraz, Paulo da Silva o Riveros. Discípulo de Bielsa, Martino ha sabido maquinar una mezcla heterogénea y perfecta de juventud y veteranía para configurar un bloque más imperioso cada instante, que va camino de hacer grandes cosas, reminiscente en su toque en mayor o menor medida de la selección chilena, recientemente eliminada. Se lo debe a su mentor.
Fieles a su estilo contundente y tenaz pasaron la primera fase sin problemas. Y en el camino, esperaba Japón, otro de los combinados a tener en cuenta, que sorprendió a propios y extraños desarmando las tácticas de Camerún o Dinamarca para lograr el pase junto a Holanda en su Grupo E. El pétreo combinado de Okada, ambientado en la necesidad asiáti
ca de volver a la primera plana futbolística. Una selección que arriesga, que gusta, que atribuye su creación a las maniobras de Keisuke Honda y Makoto Hasebe, y cuya eficiencia es envidiable, como también lo es su rigurosidad táctica.Así, el encuentro se planteaba cómo un encuentro muy técnico. La minuciosidad controladora de Martino y el conservadurismo de Okada así lo prometían. Y no fallaron al guión. La solidez defensiva paraguaya secó el ataque nipón, mientras que la delantera guaraní estuvo de por sí bastante flojita, fallona ante Kawashima y evidenciando su claro problema ofensivo. Con ello, el aburrimiento tiñó de sí todo el partido, con el 0-0 inicial condenado a perdurar durante mucho tiempo. Al menos, los noventa minutos y la prórroga. Y por que los penaltis lo permitieron, que si no, a buen recaudo estaríamos hablando de un encuentro más longevo que el famoso Mahut - Isner cosechado en tenis sobre la hierba de Wimbledon hace unos pocos días.
Sí, por primera vez en lo que llevamos de Mundial hubo que acudir al punto fatídico para desatascar un partido. A esa indeseable y suertuda tanda que impregna de drama (y de espectacularidad, ojo) el deporte rey cada vez que se encamina. Esta vez, la fortuna sonrió a Paraguay, y llevó al hara-kiri de un modo un tanto injusto a Komano, lateral revelación del torneo y que marró su lanzamiento. Cositas del fútbol. Para meterles por primera vez en unos Cuartos de final. La historia sonríe a la albirroja. Y a todos sus idílicos anhelos. Ya era hora.