
Con ese aliciente extra arrancaba un partido de lo más prometedor, aunque ligeramente basculado desde el inicio al bando germano, por su dinamismo, entrega y perseverancia, exhibido con creces en la primera fase y contrastante con la racanez defensiva del juego inculcado por Capello a los pross. En las retinas de los aficionados, aquel estudiado tanto de Hurst apuntaba con lupa al colectivo arbitral, comandado por el uruguayo Jorge Larrionda.
emanes llevaron a la perfección la máxima de su míster, y sirviéndose de fieras contras, terminaron por azotar de nuevo a la media hora con una jugada de libro remachada por Podolski que a buen recaudo estará entre las mejores del Mundial. El dominio germano era evidente. En las retorcidas cabezas de Khedira, Özil y Schweinsteiger surgían multitud de inventos trabajados a las mil maravillas. En cambio, la cabeza que funcionó fue otra, la del central Matthew Upson, que hacía el sueño británico más factible dentro de su escasa posibilidad. Hasta ese momento. Hasta el momento en el que Larrionda quiso erigirse cómo juez involuntario (o voluntario) del partido. Así es el fútbol.Porque a partir de ese momento todo cambió. Inglaterra perdió toda su motivación, toda su ilusión, quebrantada constantemente por los insulsos y conservadores esquemas de Capello. Y Alemania se creció, se cubrió de aires de revancha por el éxito arrebatado. Quería más, quería vencer, machacar y humillar a la pross. Ante tanto deseo y la abatida indisposición inglesa, la sentencia estaba al caer. Lo hizo personificada en un tanque de casi metro noventa de alto y de solo 20 años, Thömas Muller, en sendos y labrados contraataques en los minutos 67 y 70. La renta pudo de sobra haber sido mayor, pero los de Löw terminaron por comedirse. Schweinteiger, Klose, Podolski, Özil, Marin, Khedira, Lahm, Muller. Dan miedo. Mucho miedo. Ahora les espera Argentina. Titánicas noticias para un Mundial que poco a poco se va entonando.

nivel mundial como uno de los mejores arietes del planeta, icono uruguayo, que encara la recta final de su prolífica carrera deportiva después de haberse proclamado en dos ocasiones máximo artillero del fútbol europeo, una de ellas con el Villarreal, donde ha sido semifinalista de Liga de Campeones, y otra en el Atlético de Madrid, con el que ha conquistado la UEFA Europa League. Como se puede observar, una trayectoria impecable, adornada además por su paso por el Manchester United, con más pena que gloria, eso sí. El único punto negro en la trayectoria de Forlán han sido sus continuados fracasos con la selección nacional. Y es que en los últimos años 'la celeste' tampoco ha carburado ni siquiera contando en sus filas con un delantero como él, sumando batacazo tras batacazo en sus citas internacionales. Pero ahora, Diego parece haber encontrado al socio ideal en un chico menudo de veintitrés años que ha deslumbrado en la Eredivisie en las filas del Ajax. Luis Suárez, surgido de la fecunda cantera del Nacional, ha maravillado en Holanda desde que tomase tierra hace más de tres años, y, con su habitual sagacidad, Tabárez le ha mimado concienzudamente en los meses previos al Mundial para hacer de él una pieza básica en el esquema charrúa y un complemento para Forlán, urgido desde hacía tiempo de un compañero de andanzas en la delantera. El trabajo del seleccionador uruguayo ha tenido recompensa y ahora Suárez ha estallado en plena cita mundialista, dando lo mejor de sí mismo y haciendo que toda la selección celeste lo dé.










